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Plantear un diálogo interdisciplinar es un gran acierto, pues son muchos los temas en los que resulta necesaria una visión menos parcial y compartimentada de la realidad. Se pudo escuchar la opinión de filósofos, farmacéuticos y médicos, todos ellos preocupados por cuestiones tales como la justicia y las desigualdades en la investigación y uso de los fármacos, el acceso a los medicamentos, las patentes, la información al público, los medicamentos falsos, el papel de los médicos en la indicación de los fármacos, o los neurofármacos y sus posibilidades de contribuir a lo que fue un elemento transversal en toda la jornada: la constatación de que estamos en una sociedad medicalizada, que busca el bienestar, entre otros medios,
a través de los fármacos.
Un día completo para debatir y escuchar en un entorno de reflexión y diálogo es un doble acierto. Falta tiempo y resolución para abordar este tipo de cuestiones con la serenidad y profundidad que merecen. Por ello esta jornada ha sido también importante y valiosa.
Y el tercer acierto, sin duda, es la iniciativa de los estudiantes. Que la jornada sea promovida por los alumnos de filosofía, por las generaciones de jóvenes preocupados por el presente y el futuro, es realmente una buena noticia. La sociedad civil se visibiliza y hace patente a través de estas y otras propuestas en las que se observa que no hay tanta pasividad e indiferencia frente a las cuestiones importantes y, por ello, que es posible seguir trabajando para lograr un mundo más justo.
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