Hacer bioética no es sólo estar atento a los grandes avances científico-tecnológicos y su impacto sobre la humanidad presente y futura. No es sólo atender a los graves conflictos entre la gestión económica y la resolución de los problemas de salud pública. No es sólo analizar la idoneidad de los macroproyectos en los que se invierten millones sin que tengan aplicaciones a corto plazo. No es sólo abrirse a la realidad de millones de personas cuyos problemas de salud son tan básicos como la supervivencia, la higiene y la mínima prevención ante la enfermedad. No es sólo luchar por grandes palabras como solidaridad, justicia, paz, o salud mundial.
La bioética es todo eso pero, además, es atender a las cosas pequeñas: escuchar al paciente un poco pesado que vino hoy a la consulta a contar los problemas que tiene con su hijo que quiere ingresarlo en una residencia; dedicar unos minutos más a que la mujer inmigrante, que aún no domina el idioma, pueda aclararse con la petición de cita para el especialista; no perder la paciencia con el niño que se opone tozudamente a tomar la medicina; guardar silencio ante las lágrimas de quien ha perdido a un ser querido y aún no sabe cómo podrá respirar a partir de ahora; ofrecer consuelo a quien se siente atrapado entre las desoladoras paredes de su habitación del hospital; imaginar cómo podríamos celebrar ese día especial que les hace tanta ilusión al grupo de personas con discapacidad intelectual; poner algo de cariño en lavar a ese enfermo de Alzheimer que preguntará, por enésima vez, qué día es hoy...
La realidad de la bioética es ésta del día a día, del cuidado de los pacientes. No es sólo la magia de los titulares, es la magia de las pequeñas cosas. Las que hacen muchos profesionales todos los días, sin que nadie les reconozca su labor ni les den premios. Pero recibiendo por su actuación, su honestidad y su dedicación, el cariño de sus pacientes y el respeto de sus compañeros.
No se puede mejorar la calidad asistencial si no atendemos a estos elementos cotidianos, aparentemente menores, pero que van generando un "caldo de cultivo", un cierto modo de hacer las cosas que se impone y se transmite, que genera costumbres y actitudes, y que revela un compromiso con el buen hacer profesional.
Es esta perspectiva la que ayuda también en los días en que la presión asistencial abruma, los problemas se agolpan y acumulan, el equipo no colabora, el ánimo no está para fiestas, y el cuerpo anda cansado.
En un día como hoy, en que todo nos hizo recordar el amor, no está de más reconocer que en ese cuidado de los pacientes, en esa responsabilidad con una buena labor profesional, en esa pelea contra la pereza, la desidia, la desgana o el desánimo, en ese intento de desarrollar una asistencia humanizada, hay también una forma de amor.
martes, 14 de febrero de 2012
lunes, 13 de febrero de 2012
También hay buenas noticias
UNICEF ha informado (http://www.unicef.es/sala-prensa/mas-de-6000-comunidades-en-africa-abandonan-la-practica-de-la-mutilacion-genital-femenin) de que más de 6.000 comunidades africanas han elegido abandonar la práctica de la mutilación genital femenina, según el Programa Conjunto de Naciones Unidas creado para eliminar esta práctica. Y la cifra sigue creciendo.
Según comentan en su información, el Programa Conjunto de UNFPA y UNICEF, puesto en marcha en el año 2008, anima a las comunidades a abandonar de forma colectiva la mutilación genital femenina. Para ello se usa un acercamiento a la cultura local, mediante dialogo y relaciones sociales, para que abandonen la práctica en una generación. El programa se basa en los derechos humanos e involucra a todos los grupos de la comunidad, incluyendo líderes religiosos y a las propias jóvenes. En vez de condenar la mutilación genital femenina, anima al abandono colectivo para evitar el rechazo de quienes la practican y así conseguir su renuncia voluntaria. Para conmemorar el Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina (6 de Febrero), UNFPA y UNICEF han renovado su compromiso de erradicar esta práctica, y han pedido a la comunidad internacional que participe en este esfuerzo crucial. También consideran que la mutilación genital femenina puede ser abandonada en una generación, lo que ayudaría a millones de niñas y mujeres puedan a vivir sus vidas plenamente, y con mejor salud.
Este es uno de esos temas especialmente dolorosos en los que conviene no perder de vista los elementos implicados. La OMS estableció ese día contra la mutilación, con el eslogan de "tolerancia cero". En nuestro contexto esto resulta evidente y fácil de justificar: una práctica que supone una mutilación (con graves consecuencias) y que incorpora un componente de discriminación por sexo, está por debajo de los mínimos aceptables, por ello es intolerable y se considera una aberración. De hecho, suele ser un paradigmático ejemplo de lo que consideramos la lucha necesaria por los derechos humanos reales y para todos. Pero también conviene conocer los temas a fondo y no perder perspectiva. Aunque haya que erradicar, sin duda, esta práctica, es preciso hacerlo con prudencia, tratando de no dañar ni producir consecuencias nefastas para las personas y poblaciones implicadas, sin imponer modelos culturales que dejen de respetar o desprecien otros sistemas, sin atender a las necesidades y a los contextos en los que se desarrollan estas prácticas. Por eso la iniciativa de UNFPA y UNICEF es valiosa: acercarse a la cultura local, mediante dialogo y relaciones sociales, para que abandonen la práctica desde su propia perspectiva, como convencimiento del grupo, no como imposición de otro mundo. Y, por supuesto, dar todo el apoyo, información, ayuda y colaboración para que sea posible.
Con ello se logran estas buenas noticias. Que no deben engañarnos: aún hay mucho por hacer. En esos ámbitos donde ni siquiera están garantizados los derechos más básicos, donde no se puede asegurar la salud sexual y reproductiva de millones de mujeres, pero también en territorios más cercanos, donde desgraciadamente seguimos asistiendo a situaciones de maltratos intolerables que, físicos o psíquicos, son también formas de mutilación.
Según comentan en su información, el Programa Conjunto de UNFPA y UNICEF, puesto en marcha en el año 2008, anima a las comunidades a abandonar de forma colectiva la mutilación genital femenina. Para ello se usa un acercamiento a la cultura local, mediante dialogo y relaciones sociales, para que abandonen la práctica en una generación. El programa se basa en los derechos humanos e involucra a todos los grupos de la comunidad, incluyendo líderes religiosos y a las propias jóvenes. En vez de condenar la mutilación genital femenina, anima al abandono colectivo para evitar el rechazo de quienes la practican y así conseguir su renuncia voluntaria. Para conmemorar el Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina (6 de Febrero), UNFPA y UNICEF han renovado su compromiso de erradicar esta práctica, y han pedido a la comunidad internacional que participe en este esfuerzo crucial. También consideran que la mutilación genital femenina puede ser abandonada en una generación, lo que ayudaría a millones de niñas y mujeres puedan a vivir sus vidas plenamente, y con mejor salud.
Este es uno de esos temas especialmente dolorosos en los que conviene no perder de vista los elementos implicados. La OMS estableció ese día contra la mutilación, con el eslogan de "tolerancia cero". En nuestro contexto esto resulta evidente y fácil de justificar: una práctica que supone una mutilación (con graves consecuencias) y que incorpora un componente de discriminación por sexo, está por debajo de los mínimos aceptables, por ello es intolerable y se considera una aberración. De hecho, suele ser un paradigmático ejemplo de lo que consideramos la lucha necesaria por los derechos humanos reales y para todos. Pero también conviene conocer los temas a fondo y no perder perspectiva. Aunque haya que erradicar, sin duda, esta práctica, es preciso hacerlo con prudencia, tratando de no dañar ni producir consecuencias nefastas para las personas y poblaciones implicadas, sin imponer modelos culturales que dejen de respetar o desprecien otros sistemas, sin atender a las necesidades y a los contextos en los que se desarrollan estas prácticas. Por eso la iniciativa de UNFPA y UNICEF es valiosa: acercarse a la cultura local, mediante dialogo y relaciones sociales, para que abandonen la práctica desde su propia perspectiva, como convencimiento del grupo, no como imposición de otro mundo. Y, por supuesto, dar todo el apoyo, información, ayuda y colaboración para que sea posible.
Con ello se logran estas buenas noticias. Que no deben engañarnos: aún hay mucho por hacer. En esos ámbitos donde ni siquiera están garantizados los derechos más básicos, donde no se puede asegurar la salud sexual y reproductiva de millones de mujeres, pero también en territorios más cercanos, donde desgraciadamente seguimos asistiendo a situaciones de maltratos intolerables que, físicos o psíquicos, son también formas de mutilación.
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Multiculturalismo,
Mutilación genital femenina
lunes, 6 de febrero de 2012
Objeción de conciencia ¿hasta dónde?
En una entrada (05/12/2011) en el Blog "Practical Ethics" de la Universidad de Oxford (http://blog.practicalethics.ox.ac.uk/2011/12/the-subtle-line-between-conscientious-objection-and-sabotage/) se preguntaba Francesca Minerva dónde termina la objeción de conciencia y comienza otra acción que denomina "sabotaje".
El tema es, sin duda, complejo y peligrosamente afilado en sus aristas, porque poco a poco hemos ido convirtiendo una excepción en una situación cuya frecuencia permite calificarla de "normal".
Minerva comenta su estupor ante la objeción planteada por algunas enfermeras (según relata el Washington Post, en referencia a un hospital de New Jersey) que, en su afán de no participar de ningún modo en una práctica abortiva, se niegan a cuidar a las mujeres en los períodos anterior y posterior al aborto.
El argumento que se esgrime de "no participar en lo que consideran un asesinato", se basa en el rechazo a ser cómplices de un aborto, lo que significa hacer que ese aborto sea posible, participando directa o indirectamente en la cadena causal que lo produce. Esa posición es respetable, pero Minerva destaca que no parece justificable que, en su afán de "no tener nada que ver con el aborto", se traspase la línea que separa la objeción de conciencia (personal, intransferible, basada en convicciones) del sabotaje, es decir, de poner todos los impedimentos posibles a la práctica del aborto, de modo que resulte más difícil y gravosa física y psicológicamente a quienes participan en ella (incluidas, por supuesto, las mujeres a quienes se practica el aborto, que, al parecer, no merecen ser tratadas con el cuidado y atención profesional que recibe cualquier otro paciente). En este caso no estamos ante una objeción de conciencia sino ante una postura intolerante que no respeta opiniones diferentes.
Como en tantas ocasiones, se trata de diferenciar niveles y no mezclar cosas.
Que un profesional pueda defender sus creencias es incuestionable, y que exista una excepción que permita negarse a realizar ciertas acciones que considera incorrectas aunque sean legales, nos parece una manera de reconocer y respetar el pluralismo de valores que debe estar presente en nuestra sociedad.
Sin embargo, lo que es inaceptable es que, por defender las creencias se actúe mal, incorrectamente como profesional, abandonando y no atendiendo al paciente que lo necesita. Esto es intolerable y puede ser calificado de mala praxis profesional. El profesional sanitario no está para juzgar las acciones o decisiones de sus pacientes. Si el paciente necesita ayuda sanitaria, es exigible que se le preste o, al menos, que se tomen las medidas necesarias para que reciba la ayuda que necesita.
Defender las propias convicciones no puede hacerse por la vía del sabotaje, ni siendo un mal profesional, ni dejando de prestar ayuda a los pacientes. Y escaso favor se le hace a la auténtica objeción de conciencia si se enmascaran bajo su nombre otras acciones que nada tienen que ver, y que son éticamente reprobables.
El tema es, sin duda, complejo y peligrosamente afilado en sus aristas, porque poco a poco hemos ido convirtiendo una excepción en una situación cuya frecuencia permite calificarla de "normal".
Minerva comenta su estupor ante la objeción planteada por algunas enfermeras (según relata el Washington Post, en referencia a un hospital de New Jersey) que, en su afán de no participar de ningún modo en una práctica abortiva, se niegan a cuidar a las mujeres en los períodos anterior y posterior al aborto.
El argumento que se esgrime de "no participar en lo que consideran un asesinato", se basa en el rechazo a ser cómplices de un aborto, lo que significa hacer que ese aborto sea posible, participando directa o indirectamente en la cadena causal que lo produce. Esa posición es respetable, pero Minerva destaca que no parece justificable que, en su afán de "no tener nada que ver con el aborto", se traspase la línea que separa la objeción de conciencia (personal, intransferible, basada en convicciones) del sabotaje, es decir, de poner todos los impedimentos posibles a la práctica del aborto, de modo que resulte más difícil y gravosa física y psicológicamente a quienes participan en ella (incluidas, por supuesto, las mujeres a quienes se practica el aborto, que, al parecer, no merecen ser tratadas con el cuidado y atención profesional que recibe cualquier otro paciente). En este caso no estamos ante una objeción de conciencia sino ante una postura intolerante que no respeta opiniones diferentes.
Como en tantas ocasiones, se trata de diferenciar niveles y no mezclar cosas.
Que un profesional pueda defender sus creencias es incuestionable, y que exista una excepción que permita negarse a realizar ciertas acciones que considera incorrectas aunque sean legales, nos parece una manera de reconocer y respetar el pluralismo de valores que debe estar presente en nuestra sociedad.
Sin embargo, lo que es inaceptable es que, por defender las creencias se actúe mal, incorrectamente como profesional, abandonando y no atendiendo al paciente que lo necesita. Esto es intolerable y puede ser calificado de mala praxis profesional. El profesional sanitario no está para juzgar las acciones o decisiones de sus pacientes. Si el paciente necesita ayuda sanitaria, es exigible que se le preste o, al menos, que se tomen las medidas necesarias para que reciba la ayuda que necesita.
Defender las propias convicciones no puede hacerse por la vía del sabotaje, ni siendo un mal profesional, ni dejando de prestar ayuda a los pacientes. Y escaso favor se le hace a la auténtica objeción de conciencia si se enmascaran bajo su nombre otras acciones que nada tienen que ver, y que son éticamente reprobables.
miércoles, 25 de enero de 2012
María Zambrano, pensadora poética
Hace unos días se presentaron las obras completas de María Zambrano. Serán seis gruesos volúmenes, el primero de los cuales es el tercero. Se ha comenzado por él porque constituye el núcleo básico de su pensamiento, los siete libros publicados entre 1955 y 1973, 'hitos en el camino hacia su plena madurez'. 'El hombre y lo divino' destaca entre todos ellos, y en medio de sus dos ediciones se sitúan los demás: 'Persona y democracia' (1958), último libro "político" de Zambrano; 'Los sueños y el tiempo', una síntesis de su investigación sobre los sueños que se prolongará en 'El sueño del creador', que aplica sus teorías de los sueños a los géneros literarios, esencialmente la tragedia, la novela y la confesión; 'La España de Galdós' y 'España, sueño y verdad', muy relacionados entre sí como continuación de Pensamiento y poesía en la vida española (1939, vol. I), y finalmente 'La tumba de Antígona', que condensa los temas nucleares de su razón poética.
Zambrano fue alumna de Ortega, le tocó vivir una época convulsa y difícil, tuvo que padecer el exilio, fue innovadora y atrevida pensadora, mujer en una facultad de filosofía donde eso resultaba ciertamente extraño, y sobre todo, desarrolló un pensamiento único, profundo y lleno de riqueza no sólo filosófica, sino también literaria.
Zambrano ha sido inspiración para muchos, y desde luego, ejemplo para quienes nos dedicamos a la filosofía y para quienes escribimos con ánimo de hacer pensar, de compartir experiencias que puedan servir para cambiar el mundo. Por eso este blog. Por reflexiones como las que recogen estas palabras magníficas de María Zambrano en un inolvidable texto de 1934 titulado "Por qué se escribe":
Zambrano fue alumna de Ortega, le tocó vivir una época convulsa y difícil, tuvo que padecer el exilio, fue innovadora y atrevida pensadora, mujer en una facultad de filosofía donde eso resultaba ciertamente extraño, y sobre todo, desarrolló un pensamiento único, profundo y lleno de riqueza no sólo filosófica, sino también literaria.
Zambrano ha sido inspiración para muchos, y desde luego, ejemplo para quienes nos dedicamos a la filosofía y para quienes escribimos con ánimo de hacer pensar, de compartir experiencias que puedan servir para cambiar el mundo. Por eso este blog. Por reflexiones como las que recogen estas palabras magníficas de María Zambrano en un inolvidable texto de 1934 titulado "Por qué se escribe":
«Un libro, mientras no se lee, es solamente ser en potencia, tan en potencia como una bomba que no ha estallado. Y todo libro ha de tener algo de bomba, de acontecimiento que al suceder amenaza y pone en evidencia, aunque sólo sea con su temblor, a la falsedad.
Como quien lanza una bomba, el escritor arroja fuera de sí, de su mundo y, por tanto, de su ambiente controlable, el secreto hallado.
Lo que se publica es para algo, para que alguien, uno o muchos, al saberlo, vivan sabiéndolo, vivan de otro modo después de haberlo sabido; para librar a alguien de la cárcel de la mentira, o de las nieblas del tedio, que es la mentira vital.»
Como quien lanza una bomba, el escritor arroja fuera de sí, de su mundo y, por tanto, de su ambiente controlable, el secreto hallado.
Lo que se publica es para algo, para que alguien, uno o muchos, al saberlo, vivan sabiéndolo, vivan de otro modo después de haberlo sabido; para librar a alguien de la cárcel de la mentira, o de las nieblas del tedio, que es la mentira vital.»
lunes, 2 de enero de 2012
Fallece Francesc Abel
Ojalá se pudiera comenzar este año de otro modo, pero la realidad es dura y dolorosa. Francesc Abel falleció el último día del año 2011.
Nos deja, en el inicio de este nuevo año, un inesperado vacío. El fue uno de los iniciadores de la disciplina de la bioética en España. Trajo a Cataluña su experiencia junto a A. Hellegers y fundó el Instituto Borja de Bioética para realizar aquí una experiencia tan novedosa como fructífera de diálogo interdisciplinar. Como dice Nuria Terribas (actual directora del Instituto), su tarea la realizó "siempre desde la ponderación y la prudencia, pero no sin un punto de atrevimiento valiente y firme, en el diálogo entre ciencias y humanidades, en el que tanto creía" (http://www.ibbioetica.org/es/modules/AMS/article.php?storyid=41).
Muchos hemos tenido la suerte de aprender y colaborar con él. Hemos podido conocer a una excelente persona, comprometida con una causa (la de la bioética) y desarrollando su mejor labor desde la sensatez y también desde el buen humor. Afortunadamente, su labor ha dado frutos y su recuerdo estará a salvo. Ojalá sea un ejemplo para otros muchos.
En este momento triste tan sólo cabe agradecer haber tenido la oportunidad de conocer a Francesc, y de compartir con él intereses, actividades y buenos ratos. Y desde ese recuerdo mantener viva la bioética hecha con excelencia, con serenidad, con rigor, o lo que es lo mismo, bien hecha.
La foto que acompaña este post fue tomada en las Jornadas de Investigación en Bioética que se realizaron en la Universidad Rey Juan Carlos en Octubre de 2008. Precisamente ahora se está ultimando la publicación de los textos de aquellas ponencias, incluido el de Francesc. Será, sin haberlo pretendido, un homenaje más a su labor.
Feliz año a todos.
Nos deja, en el inicio de este nuevo año, un inesperado vacío. El fue uno de los iniciadores de la disciplina de la bioética en España. Trajo a Cataluña su experiencia junto a A. Hellegers y fundó el Instituto Borja de Bioética para realizar aquí una experiencia tan novedosa como fructífera de diálogo interdisciplinar. Como dice Nuria Terribas (actual directora del Instituto), su tarea la realizó "siempre desde la ponderación y la prudencia, pero no sin un punto de atrevimiento valiente y firme, en el diálogo entre ciencias y humanidades, en el que tanto creía" (http://www.ibbioetica.org/es/modules/AMS/article.php?storyid=41).
Muchos hemos tenido la suerte de aprender y colaborar con él. Hemos podido conocer a una excelente persona, comprometida con una causa (la de la bioética) y desarrollando su mejor labor desde la sensatez y también desde el buen humor. Afortunadamente, su labor ha dado frutos y su recuerdo estará a salvo. Ojalá sea un ejemplo para otros muchos.En este momento triste tan sólo cabe agradecer haber tenido la oportunidad de conocer a Francesc, y de compartir con él intereses, actividades y buenos ratos. Y desde ese recuerdo mantener viva la bioética hecha con excelencia, con serenidad, con rigor, o lo que es lo mismo, bien hecha.
La foto que acompaña este post fue tomada en las Jornadas de Investigación en Bioética que se realizaron en la Universidad Rey Juan Carlos en Octubre de 2008. Precisamente ahora se está ultimando la publicación de los textos de aquellas ponencias, incluido el de Francesc. Será, sin haberlo pretendido, un homenaje más a su labor.
Feliz año a todos.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Metodología en Bioética
Acaba de publicarse el libro titulado Bioética: el estado de la cuestión. Editado por Triacastela. El motivo principal del libro es triple: por un lado, surge como trabajo de un conjunto de personas que tienen una vinculación con Diego Gracia, a quien quieren rendir homenaje con estos textos. Por otro lado, se conmemora también así el XX aniversario de la Fundación de Ciencias de la Salud. Y en tercer lugar, se trata de cubrir un vacío en la bibliografía sobre bioética en castellano. Esta obra colectiva es una interesante aportación a la reflexión sobre los elementos definitorios de la bioética actual. Y en él puede encontrarse un conjunto de capítulos dedicados al tema de la metodología de la bioética.Una cuestión demasiadas veces olvidada pero que tiene, sin embargo, una importancia capital.
Precisamente a analizar este tema de la metodología en bioética se dedicó ayer, 29 de Noviembre, el XII Ateneo de Bioética, organizado por la Fundación de Ciencias de la Salud y la Fundación Paideia Galiza, en A Coruña. El evento reunió a unas 90 personas (el aforo completo del salón-auditorio donde se celebró) y se transmitió también en "streaming", posibilitando que muchas otras personas pudieran ver y escuchar las ponencias a través de internet, aportando sus comentarios y preguntas mediante el chat o vía Twitter. Pueden verse ya los vídeos de las ponencias y los debates en: http://vimeo.com/channels/265414.
El déficit metodológico en bioética, y de reflexión sobre el estatuto epistemológico y método de esta disciplina viene siendo una constante que ya muchos estudiosos detectan y denuncian. El corpus de conocimientos de la bioética se va ampliando, con un escaso análisis sobre los métodos más adecuados para la obtención de nuevos conocimientos, su desarrollo y la posibilidad de la innovación. En los últimos años se ha ido abriendo este debate a raíz del número creciente de investigaciones realizadas con una metodología empírica. Se trataría, así, de aportar una dimensión más "cuantitativa" al modo epidemiológico, utilizando sus herramientas y técnicas, y permitiendo así obtener unos datos, sin duda imprescindibles. No obstante, la aproximación cualitativa, los métodos más teóricos y afines a las ciencias humanas o a la filosofía, aportan análisis conceptuales y normativos que son también esenciales para la labor bioética. Todos estos elementos abundan en la idea, tantas veces subrayada, del trabajo interdisciplinar. Pero también en la necesidad de una reflexión seria sobre el tipo de saber que es la bioética, y los métodos que le convienen y que pueden posibilitar ese enfoque hermenéutico y deliberativo que es ya irrenunciable para la construcción de una bioética desde la perspectiva de la responsabilidad, a la altura del siglo XXI.
Precisamente a analizar este tema de la metodología en bioética se dedicó ayer, 29 de Noviembre, el XII Ateneo de Bioética, organizado por la Fundación de Ciencias de la Salud y la Fundación Paideia Galiza, en A Coruña. El evento reunió a unas 90 personas (el aforo completo del salón-auditorio donde se celebró) y se transmitió también en "streaming", posibilitando que muchas otras personas pudieran ver y escuchar las ponencias a través de internet, aportando sus comentarios y preguntas mediante el chat o vía Twitter. Pueden verse ya los vídeos de las ponencias y los debates en: http://vimeo.com/channels/265414.
El déficit metodológico en bioética, y de reflexión sobre el estatuto epistemológico y método de esta disciplina viene siendo una constante que ya muchos estudiosos detectan y denuncian. El corpus de conocimientos de la bioética se va ampliando, con un escaso análisis sobre los métodos más adecuados para la obtención de nuevos conocimientos, su desarrollo y la posibilidad de la innovación. En los últimos años se ha ido abriendo este debate a raíz del número creciente de investigaciones realizadas con una metodología empírica. Se trataría, así, de aportar una dimensión más "cuantitativa" al modo epidemiológico, utilizando sus herramientas y técnicas, y permitiendo así obtener unos datos, sin duda imprescindibles. No obstante, la aproximación cualitativa, los métodos más teóricos y afines a las ciencias humanas o a la filosofía, aportan análisis conceptuales y normativos que son también esenciales para la labor bioética. Todos estos elementos abundan en la idea, tantas veces subrayada, del trabajo interdisciplinar. Pero también en la necesidad de una reflexión seria sobre el tipo de saber que es la bioética, y los métodos que le convienen y que pueden posibilitar ese enfoque hermenéutico y deliberativo que es ya irrenunciable para la construcción de una bioética desde la perspectiva de la responsabilidad, a la altura del siglo XXI.
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martes, 22 de noviembre de 2011
40 años de Médicos sin fronteras
Se cumplen 40 años de esta organización, cuya motivación sigue siendo ayudar.
En medio de un mundo que no termina de encontrar caminos para la paz, donde los intereses de todo tipo se anteponen a las personas, en el que parece que sólo nos acordamos de realizar sueños e ideales cuando se acerca la navidad, es esperanzador que existan personas cuyo objetivo es hacer un mundo más humano.
Felicidades. 40 años de acción humanitaria. Médicos sin Fronteras
En medio de un mundo que no termina de encontrar caminos para la paz, donde los intereses de todo tipo se anteponen a las personas, en el que parece que sólo nos acordamos de realizar sueños e ideales cuando se acerca la navidad, es esperanzador que existan personas cuyo objetivo es hacer un mundo más humano.
Felicidades. 40 años de acción humanitaria. Médicos sin Fronteras
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